miércoles, 28 de mayo de 2014

Erradicar la violencia, cuestión de elección.

      Pensando en la violencia que está en cada esquina al rededor de todo el planeta, me he puesto a pensar que las únicas maneras de que empecemos a hacer un cambio, radica en casa y al relacionarnos con más madres y padres para compartir más estrategias de vida que nos orienten al respeto, al apego y nos permitan crecer con mayor libertad y voluntad, con consciencia propia.

      Es un recuperar aquello de lo que se no fue arrebatado quizá desde el desde el mismo momento en el que nacimos y que poco a poco en la vida cotidiana se nos ha normalizado a tal grado que no somos capaces de darnos cuenta. De ser conscientes del impacto que eso tiene a lo largo de la vida; desde la forma de pensar, hablar, al tomar decisiones, al relacionarse con otras personas, al vivir la sexualidad, al crear (no crear), al parir y al criar hijos.

      Creo firmemente que repetir patrones de conducta en la que se ejerza violencia, llámese de cualquier tipo: física, verbal, emocional, sexual, económica, etc. es una pérdida de tiempo y de integridad ya que se pierde de toda oportunidad para ser auténticos y buscar otras alternativas para la solución de problemas (si por algún modo hay que llamarlo).

      Vivir en un mundo en el que se tenga que luchar a toda costa para hacer cumplir los derechos de vida como lo es el nacimiento naturalizado (humanizado), el que permanezca el bebé con su madre, que pueda establecerse la lactancia materna en el tiempo que el bebé lo requiera, que los niños puedan tener alternativas para su desarrollo físico, mental y emocional en compañía de sus padres; es un verdadero avance pero a mi parecer es como ir parchando aquello que ha sido arrebatado (violado) por intereses y para un mejor manejo de masas a conveniencia de algunos y sin considerar verdaderamente las consecuencias que eso trae a la humanidad.

      El poder elegir sobre la forma de criar sin arrastrar con las cadenas con que nos criaron y a su vez como fueron criados nuestros padres, nos da la oportunidad de ver desde otra lente que existen otras alternativas para acompañar a nuestros hijos en el camino de la vida.
      Romper con tantos mitos y creencias falsas sobre la "educación" y descubrir nuevas estrategias para hacer posible una mejor convivencia familiar para dejar de poco en poco esa ridícula rigidez de poco autocontrol que sólo permite replicar soldados y personas altamente vulnerables a los medios de comunicación, gobierno, religión, etc.

      De una u otra forma existen alternativas para erradicar la violencia y creo que 4 de ellas son:
  • Reconocer lo vivido durante la niñez; aquellas partes rotas que impiden seguir creciendo o sintiendo libertad, aquello que invita a la culpa y al miedo constantemente. Limitando al Yo  y a su vez a los demás. Darse cuenta qué es lo que irradiamos con frecuencia. ¿Con qué estilo de crianza se creció?
  • Reconocer los factores externos que están influyendo para reaccionar violentamente: estrés, soledad en la crianza, exceso de responsabilidades, insatisfacción personal, etc.
  • Asumir con responsabilidad lo que se requiere hacer para efectuar el cambio desde el interior. Por decirlo de alguna manera, ser conscientes y modificar con valentía, perseverancia y libertad para permitir soltar aquellas grabaciones mentales que de niños nos insertaron y que hoy por hoy se ven las secuelas en nosotros y en la sociedad.
  • Trasladar ese cambio a nuestros hijos en forma de amor incondicional, mediante besos y abrazos, conversando, analizando juntos las equivocaciones, incluirlos en las decisiones, practicando la flexibilidad, solidaridad, respeto mutuo, todo de manera genuina, estableciendo conexión en cada oportunidad que tengamos no sólo tras momentos para remediar, sino todo el tiempo. Eso nos permitirá conocernos y conocerlos a fondo. Es un aprender juntos, mano a mano. 
      Por su puesto que es un cambio gradual, paso a pasito para poder ir cambiando hábitos.
      Si eres padre consciente de esto, sabrás que un "golpe a tiempo", los gritos y los chantajes emocionales carecen de tener consecuencias positivas y se traduce a baja autoestima, poca valía, miedo, rigidez, poca motivación intrínseca, dependencia a reconocimiento, sumisión o replica de bullying, actitud retadora o defensiva, etc.

Desde que nacen nuestros hijos, traen en esencia habilidades empáticas, solidarias, creativas, exploradoras, libres.


¿En qué momento cambia esto? 
¿Por qué va cambiando nuestro trato hacia ellos conforme crecen?

La violencia siempre generará más violencia. 

¿En qué frecuencia quieres estar? 
¿Qué frecuencia quieres emitir a tus hijos?




      El rinoceronte naranja es una iniciativa por una madre americana que se planteó el reto de no gritarle a sus hijos durante un año. Es ahí donde comenzó su reto de superación personal y a su vez mejorar el trato hacia sus hijos.

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